Payasos sin fronteras: sonreír en tiempos de guerra
La visión mediática de un mundo en positivo
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Sonreír en tiempos de guerra

Sonreír en tiempos de guerra

En 1995, en pleno conflicto de los Balcanes hace ya años, un grupo de 3 cómicos decidió viajar a la zona para ofrecer una tregua de alegría a los niños afectados por la guerra. Esa primera expedición se transformó en una ONG que hoy tiene presencia en los 5 continentes, trabaja con cientos de payasos en el mundo y lucha para que la UNESCO reconozca la sonrisa infantil como ‘Patrimonio de la Humanidad’. Con el buen humor como escudo, desafían al peligro de las guerras y acuden ahí donde los desastres humanos o naturales devastan a los pueblos. En “Payasos sin Fronteras”, se toman la risa muy en serio y ahí donde van, distribuyen una singular ayuda humanitaria que aunque no se ve, se siente. Ellos donan ‘alimento para el alma’.

Fotos: Cortesía de Payasos sin Fronteras

(Junio 03 2003. Día 14. Bagdad): “Una de las cosas más cómicas fue preguntar por la manera más segura de ir hasta Bagdad. Finalmente llegamos al campo de refugiados y el jefe de la expedición nos dijo que era mejor no actuar ahí, ya que vendrían unos 3 mil niños que jamás vieron a un payaso y podría ser peligroso. Estábamos en pie desde las 5:30 de la mañana, y no podíamos llevar ni los pasaportes, porque íbamos a pasar por un lugar muy peligroso donde suelen matar a un soldado norteamericano por día. Fuimos entonces a otro campo, y la tarde se llenó de magia, hicimos un show diferente y todos lo disfrutaron mucho. Terminamos la función con el público cantando el feliz cumpleaños en árabe. Era en medio del desierto y las niñas estaban con sus vestidos de colores y sus sonrisas luminosas. Para ilustrar un poco más el momento, justo ahí, el sol se escondía entre las tiendas…¿Qué más se le puede pedir a un solo día?”

Este es el diario de un payaso, escrito durante su viaje a Irak en junio de 2003. En el texto están mezclados todos los ingredientes para escribir una historia de aventuras, o bien una tragedia, o una comedia. Pero sobre todo una historia de esperanza. El texto es el diario de un soñador que le planta cara a la realidad de la guerra. Pepe Viyuela, el autor del texto, agrega en su diario: “Ver a niños a los que les faltan los brazos o las piernas, jugando y riéndose, a menos de una hora de salir del quirófano, es impresionante para cualquiera.”

“Payasos sin Fronteras”. Así se llaman y el nombre de la organización puede sonar a broma, pero la cosa va en serio. Han viajado a Asia, a la zona afectada por el Tsunami de 2004, han estado en Marruecos cientos de veces, tienen una misión permanente en Palestina, y han puesto en marcha una escuela de circo en Nicaragua. En Namibia y Guinea Ecuatorial trabajan con espectáculos que sensibilizan sobre el problema del SIDA, mientras que en el Sahara, una región mayoritariamente musulmana, las “payasadas” de los actores se enfocan al tema de los derechos de las mujeres.

“Señoras y señores, con ustedes: los Payasos”

Pepe Viyuela es un reconocido cómico en España, entre otras cosas por haber protagonizado la película del cómic “Mortadelo y Filemón”. Ha presidido la organización durante un año y ha viajado a Irak, Kosovo y Palestina. En entrevista con Corresponsal de Paz nos dice: “Al principio tuvimos que vencer el rechazo casi general, pues la gente pensaba que nuestro nombre era una burla al movimiento de solidaridad que en aquél momento estaba en su apogeo. Parecía que las otras ONG’s eran más serias puesto que llevaban a los sitios necesitados cosas más tangibles como alimentos, ropa, medicina… y nuestra ayuda era algo sumamente volátil, difícil de tocar o medir. Todos necesitamos reír, pero justificar eso ante un político o ante un gestor es difícil, es difícil cuantificarlo y decir cuánto vale una sonrisa. Y precisamente ésa es nuestra misión: hacerle entender al mundo que la felicidad de un niño no tiene precio. Nadie puede decir cuánto vale la propia sonrisa, y mucho menos la de los otros”

Dicen que todos los grandes proyectos han nacido primero como un sueño, pero en el caso de Payasos sin Fronteras, lo cierto es que fue una realidad lo que dio origen a la fantasía. La triste realidad de la guerra. En 1993, Europa asistía con cierta indiferencia a la traumática desintegración de (la ahora ex) Yugoslavia. Un grupo de 3 payasos encabezados por Jaume Mateu, deciden entonces viajar a un campo de refugiados en Croacia, para actuar de forma gratuita ante los niños confinados por la persecución étnica. Aquella visión los sobrecogió y un mes después, en marzo de ese mismo año, nacía la iniciativa de esta organización que al día de hoy, varios años después de aquella primera espontánea expedición, sigue siendo la única en su género.

“Más que una organización, yo creo que nos hemos convertido en un movimiento”. Afirma Jaume Mateu el fundador de Payasos sin Fronteras, un famoso y exitoso payaso catalán, que se ha dedicado al mundo del circo desde la década de los 70. “Tortell Poltrona” es su nombre artístico, y pasa la mayor parte de la vida en un circo itinerante que viaja por algunas regiones de España, así como en un centro de producción y escuela de las artes circenses donde se enseña a payasear tanto a niños como a adultos: “La risa y el llanto nos demuestran que no somos tan diferentes, y a veces, lo poco que nos hace diferentes es solo cuestión de suerte, de estar de un lado del planeta u otro, que tiene más o menos fortuna. Pero para nosotros los payasos, hay un solo mundo: el de la alegría. El primer y tercer mundo son clasificaciones que se inventaron y se quedaron establecidas casi como perversiones. Como payaso que soy, te aseguro que no me hace ninguna gracia saber que hay niños sin reír”

Ante el espectáculo del desastre: un circo mundial

Para las organizaciones de ayuda humanitaria, el panorama actual ciertamente no da mucha tregua. El mapamundi está plagado de guerras, conflictos, hordas de seres humanos desplazados, enfermos, olvidados, hambrientos y marginados; eso por cuanto a los llamados “desastres humanos”, sin contar la temperamental fuerza de la madre naturaleza, que suele golpear con más furia precisamente en las zonas más desprotegidas.

En este sentido, la capacidad de respuesta de los payasos ha sido notable. Y realmente esta peculiar ONG, ha cruzado fronteras. Su sede oficial está en Barcelona y según su página web, tienen otras tres oficinas más España, pero a poco han abierto oficinas en diversos países de Europa. Ya existen Payasos sin Fronteras en Francia, Bélgica, Suecia, Alemania e Irlanda. Otras oficinas formales se encuentran además en Canadá, Estados Unidos y Sudáfrica. Mientras que las compañías de payasos y actores locales que los representan en África, América Latina y Asia, se cuentan por centenares.

Solo en la región latinoamericana, por ejemplo, tienen presencia en Nicaragua, Honduras, Colombia, Haití, Argentina, Chile, Brasil, Guatemala y México, donde el grupo de titiriteros “Saltimbanqui” realiza periódicamente la llamada “Caravana de la Risa” por distintas zonas del de la República Mexicana, pero muy especialmente en Chiapas, donde los fundadores de Payasos sin Fronteras acudieron por primera vez durante los peores momentos del conflicto zapatista (que inició en México el 1º de Enero de 1994)

Y de aquellos tres primeros expedicionarios a los Balcanes, las narices rojas se siguen multiplicando. En la base de datos de sus oficinas centrales hay más de 800 artistas y otros tantos en la lista de espera. A esto habría que agregar un promedio de 100 payasos en cada país. Todos ellos voluntarios, dispuestos a viajar y entrar en acción. A conjurar la magia y la alegría ahí donde la guerra o los desastres naturales, la han espantado.

“En realidad somos una organización pequeña” – dice Dolores Castelló, Coordinadora de Operaciones de PSF-. “Nuestro presupuesto anual es de 600 mil euros y comparado con otras ONGs es realmente poco, porque además de las acciones en Europa apoyamos proyectos de otros países con menos recursos. La base de nuestro financiamiento son nuestros socios, actualmente algo más de 1.000, todos ellos particulares . También, nos buscamos la vida haciendo galas, donde los payasos actúan gratuitamente, y ahí vendemos “souvenirs” como camisetas, narices rojas y a veces recibimos por ejemplo donaciones de niños que deciden regalarnos el dinero que reúnen en sus fiestas o de escuelas que hacen lo mismo con los recursos de algún evento.”

Además de Dolores, son pocas las personas en España reciben un salario formal. El resto de los que participan en PSF son voluntarios y lo mismo sucede con las otras oficinas internacionales. Cada expedición tiene un presupuesto diferente y se busca financiación de instituciones, así como la coordinación con otras organizaciones ya sea internacionales o locales que trabajen en el terreno, con el fin de tener mejor acceso y apoyo logístico.

“El show debe continuar”

Aunque la función principal de estos payasos es llevar la risa ahí donde hace falta, lo cierto es que también se han impuesto la tarea de la denuncia y el activismo social: “Una vez que volvemos a Europa viene la segunda parte del trabajo, que es llamar la atención de la sociedad sobre eso que hemos visto y contar lo que está sucediendo” –continúa Dolores.- “Porque cuando las desgracias suceden lejos nos parece que son menos desgracia. Entonces cerramos los ojos y apagamos la televisión”

La experiencia específica del Tsunami en Asia dio una perspectiva diferente de esta cuestión, porque muchos turistas europeos murieron ahí. Payasos Sin Fronteras acudió a la zona del desastre al llamado de otra organización europea: Médicos sin Fronteras, quienes descubrieron que la población lo que más necesitaba, además de la ayuda material, era un alivio psicológico para sobreponerse del golpe y la magnitud de esta catástrofe natural. Jaume Mateu estuvo en ese viaje junto con otros 14 payasos de varios países:

“Encontramos un panorama desolador: los traumas que tenían los niños nos hicieron implementar un espectáculo especial para combatir la hidrofobia, pues había niños en proceso de deshidratación que se negaban a beber agua o a tener ningún contacto con ella. En una de las escuelas donde actuamos habían muerto la mitad de los alumnos. Era impresionante. Pero al final, aquello se convirtió en una experiencia mágica, pues por increíble que parezca, ésa era la primera vez que un circo se presentaba en esa región. La parte positiva de este desastre es que en ese lugar y en ese momento había muchos europeos con sus cámaras, y como sucede siempre, una imagen dice más que mil palabras. Eso nos fortaleció mucho para dar a conocer nuestra labor”

“Salto doble al vacío y sin miedo al ridículo”

Y mientras los conflictos y las catástrofes siguen su terrible curso, los payasos-sin-fronteras siguen insistiendo en una campaña que comenzaron hace ya muchos años. Una campaña para que la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) declare a “La sonrisa infantil como Patrimonio de la Humanidad”. Para esta cruzada, la organización recoge sonrisas, metidas simbólicamente en una caja de cartón que reparten en sus funciones y luego entregan. “Es una campaña loca y difícil de lograr” –dice riendo de buena gana Jaume Mateu el fundador- “Pero yo veo la labor de la UNESCO y me digo: ¿Para qué empeñarnos tanto en cuidar las piedras del pasado, si no cuidamos a nuestros ciudadanos del futuro?”

Mateu el fundador de Payasos sin Fronteras, está convencido sin embargo de que quedan muchas máscaras por quitarle al mundo: “Soy feliz cuando esos niños son felices, pero me entristece volver y ver lo lejos que estamos todos de la realidad y de hacer algo por cambiarla de verdad. Yo me siento en deuda con cada lugar que visito”.

Y si Médicos sin Fronteras ganó el Premio Nobel de la Paz en 1999 por su labor humanitaria, el payaso de nariz roja se pone muy serio cuando habla del tema: “Sin duda, para nosotros como organización el mejor de los premios sería que Payasos Sin Fronteras desapareciera por falta de lugares tristes en el mundo a dónde ir”.

Medicina, Risa y Política

En 1998, el fallecido actor norteamericano Robin Williams protagonizó la película “Patch Adams”. Basada en la historia real del doctor Hunter Adams, creador del “Instituto Gesundheit” (Salud, en alemán) y promotor de un singular método terapéutico basado en el humor y la alegría.

Adams es médico desde 1971 y ha desarrollado teorías científicas para comprobar que la salud de una persona está directamente relacionada al estado mental del paciente, así como con la salud mental de su familia, su comunidad y el mundo en general.

En 2002 protagonizó en Afganistán el documental “Un payaso en Kabul”, que muestra el viaje del médico a la zona devastada por bombas estadounidenses. En aquella ocasión, criticó fuertemente la política de George W. Bush y aseguró a la prensa que “En la película que me dedicó Hollywood, se negaron a hablar de mi-yo político, pero mi risa y mi humor no pueden desconectarse de mi actitud política. Yo creo sinceramente que el mundo debería cederle las posiciones de liderazgo a las abuelas, y entonces todo se arreglaría”

Adams también ha viajado con grupos de payasos a Bosnia, África, Cuba, México y más recientemente a la zona destrozada por el Tsunami asiático, que el 26 de diciembre del 2004 dejó un saldo de más de 300 mil muertos. Su instituto está en la ciudad de West Virginia, es gratuito y combina tratamientos de medicina tradicional, terapias alternativas y artes representativas.


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