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Desafío al machismo sobre las olas en Irán

Desafío al machismo sobre las olas en Irán

La historia del nacimiento del surf en Irán gracias a un grupo de mujeres

“¿El surf es solo para mujeres o los chicos también podemos hacerlo?”, le preguntaron unos niños a la iraní Mona Seraji con el asombro de quien ve, por primera vez, a alguien moverse sobre las olas encima de una tabla. En las playas de Chabahar, un pueblo pesquero del sur de Irán, situado en la región de Baluchistán, en la conflictiva frontera con Pakistán, rompen las olas del océano Índico, perfectas para este deporte acuático. En 2013, la campeona de snowboard, Mona Seraji se convirtió en una de las primeras mujeres iraníes que practicaron surf en su país. La acompañaban la nadadora Shahla Yasini, la surfera irlandesa Easkey Britton y la documentalista francesa Marion Pozieau.

De aquella experiencia surgió el documental Into the Sea, dirigido por Poizeau y estrenado el pasado otoño, en el que se cuenta la historia de cómo estas mujeres han hecho posible el nacimiento del surf en Irán. “Nadie en este país pensaba que aquí fuera posible practicar surf y menos en Baluchistán, una provincia muy pobre que no tiene muy buena reputación”, cuenta Mona Seraji desde Teherán.

En 2010, la irlandesa Easkey Britton se había desplazado por primera vez a esas playas con su tabla de surf en busca de una nueva aventura. En aquel viaje, Poizeau grabó un vídeo que rápidamente se viralizó a través de las redes sociales. “Todos los iraníes estábamos perplejos, nadie tenía idea de que se pudiera hacer surf aquí, en tu propio país, fue sorprendente, ese vídeo pasó de mano en mano, un bombazo”, recuerda Mona.

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Por eso, cuando recibió por correo electrónico una invitación de Marion Poizeau invitándola a participar en un nuevo viaje en el que Easkey las enseñaría a moverse sobre las olas a ella y a Shahla Yasini, no se lo pensó dos veces. Iban a convertirse en las primeras surferas iraníes. “Estaba feliz, era como tocar el cielo”. Pero había un problema: su espalda. “¡No! ¿Por qué ahora?”, se preguntaba. Mona había sufrido una grave lesión en la columna mientras esquiaba y acababa de salir del hospital. Llegó a pensar que no volvería a caminar. “Me dije a mí misma que tal vez era la motivación que necesitaba para recuperar la confianza y empecé a trabajar en mi recuperación”. Seis meses después, el grupo de mujeres llegó a Chabahar. Ninguna de las iraníes había pisado nunca esa región.

A Mona el mar la enganchó. “Fue curativo. La sal, el agua, el sol, todo regresó a su sitio gracias al surf. Yo conocía bien la montaña pero no el mar. Encontré un nuevo elemento y me enamoré rápidamente de él”, admite la joven, que diez meses después de su operación de columna volvió a hacerse con una medalla de oro.

Surf en hijab

Las mujeres iraníes tienen una relación particular con el mar. Tras el triunfo de la revolución islámica en 1979 se les prohibió acudir a la playa en traje de baño. De hacerlo, sus cuerpos deben estar rigurosamente cubiertos. “En las playas privadas, en cambio, podemos ir como queramos, en bañador, tomar el sol, pero en las públicas no”, matiza Mona. En Irán el surf ha nacido bajo un hijab.

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“Son las normas”, dice Marion Poizeau. “Puedes no hacer nada mientras esperas que cambien o adaptarte a ellas. Y eso hicimos”, señala la francesa. “En Europa el tema del hijab es una cuestión de blanco o negro cuando realmente se trata de algo mucho más complejo”, apunta. “Para nosotras es más importante y satisfactoria la diversión que encontramos en el surf que el hecho de tener que ir cubiertas. No vamos a dejar de hacerlo por eso”, destaca Mona.

De hecho, uno de los aspectos en los que están trabajando desde la organización que ambas han creado para promover el desarrollo del surf en el país, We Surf in Iran, es la mejora de la vestimenta para practicar este deporte de acuerdo con las normas vigentes. Al empaparse, el hijab tradicional puede resultar un tanto incómodo por el peso y dificultar los movimientos. Por este motivo, junto con la diseñadora franco-iraní Sheyda, van a lanzar próximamente una línea de ropa para deportes acuáticos adaptada al estricto código de vestimenta del país.

Además, We Surf in Iran planea construir la primera escuela de surf iraní en la playa de Chabahar. “La zona tiene un gran potencial para este deporte y ellos quieren desarrollar el lugar. Nuestra idea es ayudarles pero de manera cuidada, no queremos convertirlo en una nueva Indonesia sino beneficiar a la comunidad”, expone Marion.

“Necesitamos rebeldes”

El surf ha sido mejor recibido de lo que esperaban. “Baluchistán es un lugar muy tradicional, realmente diferente del resto del país y de Teherán. Sus habitantes son suníes, son mucho más restrictivos con las mujeres y con todo. Por eso les sorprendió tanto ver a un grupo de chicas haciendo surf”, comenta Mona. Según Marion, recibieron incluso más apoyo del que esperaban inicialmente.

Las tablas de surf despertaron la curiosidad de hombres y mujeres de todas las edades. “Si no nos hubieran apoyado habría sido un desastre”, reconoce la iraní, que relata cómo las mujeres locales se fueron acercando poco a poco, tímidamente, atraídas por lo que estaba sucediendo. “Es fantástico poder enseñarles que puedes vivir libre, que no importa dónde estés, lo que hagas, que la libertad está en ti”.

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Mona Seraji cree firmemente en el deporte como motor del cambio social. “Especialmente en la presencia de las mujeres en el deporte. Las mujeres podemos traer un aire fresco a Irán, ayudar a presentar una mejor imagen del país de cara al exterior porque al hacer deporte como mujer te estás desafiando a ti misma, estás demostrando que tienes un poder que tratan de arrebatarte”, resalta precisamente en un momento en el que las noticias han anunciado la prohibición de la asistencia de las mujeres a los partidos de voleyball masculino que se han disputado estos días en Teherán, una restricción que también existe en el caso del fútbol y que ha llevado a algún que otro encarcelamiento por incumplirla.

“Es verdad que no podemos entrar a los estadios pero muchas chicas lo hacen vistiéndose de chicos. Yo creo que las cosas están mejorando, al menos en Teherán. Aquí existe una especie de realidad dual, lo que sucede en la calle y lo que se ve en los medios de comunicación. Cuando conduzco nunca llevo el velo sobre la cabeza, si salgo a la calle en bicicleta llevo mi casco pero si voy a la televisión tengo que ir con el hijab”.

-¿Por qué?

-Porque necesitan enseñarle al mundo que somos musulmanes, hacer ver que tienen poder sobre la gente. Si el gobierno no te da permiso para hacer algo puede que ni siquiera te plantees hacerlo. Por eso necesitamos rebeldes. Mujeres que lo hagan y que se conviertan en modelos para otras mujeres.

La primera mujer iraní que participó en unos Juegos Olímpicos fue la esquiadora Marjan Kalhor. Hubo que esperar a los Juegos de Invierno de Vancouver en 2010. Compitió vestida de acuerdo a la ley islámica. Mona Seraji admite que para las deportistas iraníes las cosas nos son tan fáciles como para las occidentales. “Nos enfrenamos a mil problemas adicionales pero si realmente tienes la determinación de hacer algo, aunque sea más duro, o cueste más, lo puedes hacer”.

La propia Mona buscaba un entrenador para preparar una competición ciclista en la que va a participar este mes de julio en Estados Unidos y se topó con el inconveniente de que una mujer no puede llevar pantalones cortos y ser entrenada por un hombre. “He abierto mi propio gimnasio, uno pequeñito, para poder tener mi entrenador y hacer lo que yo quiera. Aquí todo está pasando en la esfera privada. Hacemos cualquier cosa pero detrás de las cortinas”.

Imágenes: © Marion Poizeau

Publicado originalmente en eldiario.es 


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