Equipos de primera división, alineaciones futbolísticas de minusválidos, inmigrantes, selecciones infantiles, femeniles y masculinas se reúnen cada dos años en la llamada “Copa de la Paz”, un torneo internacional que busca hacer realidad el espíritu original de las competiciones universales: unir los ánimos, y que los enfrentamientos entre naciones se disputen exclusivamente en el campo deportivo. Los millonarios beneficios de este torneo se destinarán a países en guerra o a colectivos desfavorecidos.
Por Cristina Ávila-Zesatti – Corresponsal de Paz
Fotos: Cortesía de la Peace Cup
Para el árbitro Francisco Jesús Ballesteros Prieto, el partido más difícil que ha tenido que dirigir se jugó en Abril pasado, en Andalucía. Era un encuentro futbolístico entre minusválidos psíquicos profundos, que desconocían por completo las reglas del juego: “yo pitaba pero nadie me hacía caso y seguían jugando, tenía que ir a por el balón y colocarlo en el lugar de la falta (…) fue difícil, pero lo disfruté mucho, pe

rsonal y deportivamente”
Este árbitro español con experiencia de casi 17 años en el campo, ha mediado en varios encuentros a pesar de no estar colegiado. ¿La razón? Él mismo es un discapacitado físico y enfermo mental, a quien se le ha negado el título a pesar de su demostrada capacidad para el arbitraje.
En abril de este año, el torneo denominado “Goles por la Paz” permitió que equipos imposibles se enfrentaran en las canchas de diversos puntos de Andalucía, en España: inmigrantes, adultos mayores, minusválidos físicos y psíquicos y jóvenes promesas.
Ballesteros Prieto, arbitró 7 de estos enfrentamientos sin cobrar un centavo. El torneo era la antesala de la llamada Peace Cup, y la idea original cumplía las expectativas: hacer realidad los sueños de estos deportistas que “el mundo normal” suele dejar relegados al segundo plano.
Un sueño unificador a través del balón
La
Copa de la Paz nació en 2003, apenas un año después del Mundial de Corea y Japón (2002), y es en realidad una de las actividades de la Fundación Peace Dreams, aunque ciertamente, es su principal proyecto, de cuyas ganancias se obtienen fondos millonarios para apoyar las otras iniciativas sociales del organismo, todas relacionadas con el mundo deportivo, y siempre dirigidas a los lugares más desfavorecidos del planeta, ya sea por la guerra, por los desastres naturales o por las carencias económicas.
El reverendo de la iglesia de la unificación Sun Myung Moon es el fundador de “Los sueños de paz”, aunque la idea ya ha trascendido fronteras en su objetivos, pues esta copa, que se organizó cada dos años exclusivamente en Corea del Sur, se estrena por primera vez en un país europeo, con la participación en esta edición de 2009, de 12 equipos del más alto nivel, que supera a las 8 alineaciones internacionales que solían tener las competiciones iniciales en Asia.
“Crear la paz a través del fútbol es nuestro lema principal, porque es un deporte ley que se practica en casi todo el mundo actual, y eso lo convierte en un vehículo ideal para llevar esperanza y unión a los lugares menos favorecidos de nuestro planeta”, dice en entrevista Alejandro Moon, asistente de la división internacional de la Peace Cup 2009.
Pero es innegable que el fútbol de nuestros días es -también y sobre todo-, una cuestión de espectáculo, de millonarios contratos y de ganancias estratosféricas. Los organizadores lo saben. Y puesto que del éxito de la Copa de la Paz depende el mantenimiento de sus proyectos sociales, los equipos elegidos son el principal atractivo p

ara este torneo, al que asisten los equipos líderes de esta pasión deportiva.
El Juventus de Italia, el Atlante de México, el Al-Ittihad de Arabia Saudita, el Fenerbahçe de Turquía, el Celtic de Escocia, la liga de Quito Ecuador, el Porto de Portugal, el Aston Villa de Inglaterra, el Seongnam de Corea, el Olímpico de Lyon, de Francia, el Málaga y el Sevilla de España, y para cerrar con broce de oro: el Real Madrid, son todos equipos que en sí mismos representan una garantía de arte elevado en la cancha.
Hacerlos y verlos jugar juntos es precisamente “el gancho” principal de esta Copa de la Paz, pues de la venta de sus 600,000 entradas, de sus transmisiones televisivas en 130 países y el mercadeo de los productos, dependerá la ayuda que puedan brindar a los proyectos sociales que apoya la Fundación Peace Dreams.