
Detta Regan tuvo hace seis años una visión para hacer una ruta ciclista en Oriente Medio. Lo que comenzó como el reto de una deportista, se convirtió después en un movimiento pacifista que involucra hoy a 500 mujeres de 50 países. 300 kilómetros y 10 días de constante pedaleo en 5 años, han abierto un camino más hacia una “paz con visión de género”, encabezada por quienes más sufren los efectos de la guerra: las mujeres.
Por Cristina Ávila-Zesatti. Corresponsal de Paz
En 2004, Detta Regan decidió hacer un singular viaje en bicicleta. A sus 53 años, esta mujer londinense decidió que quería rodar atravesando las llanuras de Jordania y Líbano. Una empresa difícil que sin embargo Detta no haría sola, sino en compañía de otras 226 mujeres ciclistas. Vinieron a unirse a su iniciativa desde más de 20 países, y a diferencia de su guía, algunas de ellas no habían montado en una bicicleta en toda su vida.
Un viaje: el cuerpo como única protección, buscas los mejores caminos, evitas o solucionas los obstáculos del trayecto, haces esfuerzos, soportas el dolor, continuas siempre en movimiento… y mientras tanto, intentas disfrutar del paisaje que te rodea, de la gente que aparece en tu camino.
Un viaje en grupo: donde el destino de uno es el destino de todos, y el tropiezo individual supone el retraso de toda la caravana; donde la solidaridad y la ayuda mutua, son las claves para el avance ¿No es esto la metáfora de la vida?
Esta fue precisamente la visión de Detta Regan, una ex bombera y ex controladora aérea, que tras una visita a Palestina, comenzó incansablemente a buscar la forma de visibilizar “una historia diferente”: la historia de las posibilidades de paz en Oriente Medio.
“Yo quise que la gente se sintiera inspirada por este viaje, que las mujeres que se unieron en lo que parecía un imposible, pudieran después volver a sus países y contar que era posible la convivencia; quería también que ellas contaran cómo es la gente de Siria, Jordania, Palestina, donde pareciera que el conflicto se come a todas las demás experiencias de sus habitantes”, afirma Detta
en entrevista telefónica con Corresponsal de Paz.
Hagamos lo prohibido
No hay caminos, dijo alguna vez un poeta, sino que se hace camino al andar. La idea de que dos centenares de mujeres de diversos orígenes y credos rodara 300 kilómetros en bicicleta, atravesando fronteras y enfrentando con frecuencia las costumbres de algunos países, que prohíben las mínimas libertadas a sus mujeres, era absolutamente transgresora.
Detta Regan no sólo era consciente de ello, sino que precisamente ése fue su pedal de apoyo para crear “Follow the Women” (Sigue a las mujeres), una organización sin fines de lucro que a pesar de los malos augurios, pronto consiguió velocidad en apoyos y adhesiones. La cadena que une a todo el engranaje de un movimiento, no había hecho más que comenzar.
“La idea era sencilla aunque pareciera compleja –afirma Detta- mujeres de todo el mundo viajando juntas, hablando, conviviendo, ayudándose en las dificultades… y el respeto mutuo se genera en el trayecto. Algunas de ellas llevan velo de acuerdo a sus creencias, pero la ropa que usamos para rodar es cómoda, sencilla, e invita a pensar en la igualdad. Tras los días de duro trayecto, por la noche bailamos y cantamos, oímos nuestras historias… y vemos un lado diferente de todas nosotras”
A 5 años de la primera travesía, Follow the Women ha duplicado el número de participantes y nacionalidades, ahora son más de 500 mujeres de 50 países diferentes, quienes integran a las “ciclistas por la paz”.
Para el 6º viaje, la maquinaria ya está perfectamente aceitada: promotoras locales y voluntarias se encargan de facilitar la logística, allanar obstáculos fronterizos y preparar los improvisados dormitorios de este “tour de paz”, hoteles ahí, campos universitarios allá, terrenos de acampada allí… y fiesta en todos los lugares.
El número de países que ahora visita “Follow the Women” también va en aumento: en 2004 la travesía pacífica duró 8 días, después aumentó a 10, porque el mapa de ruta también crecía. De Jordania, Líbano y Siria, hoy el grupo liderado por Detta Regan ha logrado aventurarse hasta Ramallah (Palestina, a 15 kilómetros de Jerusalén) e incluso hasta el Puente israelí de Allenby, donde 3 controles vigilan la entrada y salida de los ciudadanos.
“Yo sabía que la idea funcionaría. Lo supe siempre, aunque todos me dijeron que era peligroso, que éramos mujeres haciendo algo prohibido, que nos apedrearían, nos insultarían, que corríamos todo tipo de riesgos y ¿qué pasó? Que la gente, los hombres las autoridades, las mujeres y los niños, salían a recibirnos con flores y música, y nos gritaban: ‘Gracias por venir, por hacer que el mundo nos vea, y que nos vea de una forma diferente’”(VER VIDEO DE FOLLOW THE WOMEN)