A la conquista (de la paz) mundial
Durante sus primeros 15 años, el Barco de la Paz se trasladó exclusivamente por la región del norte asiático, pero a partir de 1999, los organizadores decidieron que era hora de ir mar adentro y difundir su mensaje en otras latitudes
Así, y desde hace ya una década, el Peace Boat organiza tres veces por año, estos viajes mundiales, y sus pasajeros tienen la oportunidad de embarcarse por 3 meses en una aventura pacífica que incluye la visita a entre 15 y 20 países, en cuyos puertos tienen la opción de realizar actividades relacionadas con la problemática de cada lugar: pueden visitar campos de refugiados palestinos en Jordania, convivir con víctimas de la guerra de Vietnam o de Irak para conocer sus experiencias, o entregar la ayuda humanitaria que Peace Boat suele llevar a bordo hasta destinos tan lejanos como Kenya.
Este giro de timón internacional, ha supuesto para los organizadores un crecimiento en términos de experiencias y de alianzas con instituciones locales e internacionales de los países que visitan, así como también la ampliación de sus horizontes, de su influencia y reconocimiento.
Hoy, a través de la Universidad Global, por ejemplo, los viajeros tienen acceso a estudios avanzados sobre paz y sustentabilidad, aunque el Barco de la Paz se ha propuesto ir más allá en la resolución de conflictos, y para ello otorga becas a jóvenes de regiones enfrentadas.
Hasta ahora, estudiantes de Palestina, Israel, Serbia, Croacia, Chipre, India, Pakistán, Irlanda del Norte, Colombia, Estados Unidos, Corea, China y Taiwán ya se han beneficiado de este programa, y aunque a baja escala, los efectos se notan con relaciones que permanecen entre ellos más allá de las fronteras del barco… sin embargo, en este sentido, es la política la que a veces hace olas a los esfuerzos pacifistas:
“El programa de intercambio y reconciliación entre jóvenes de Israel y Palestina había funcionado muy bien, pero desde hace algunos años muchos países niegan los visados a los ciudadanos palestinos, y esto nos ha dificultado seguir con la tarea”, afirma Rose Welsch, la actual Coordinadora Internacional del Peace Boat.
Rose, como muchos de los que trabajan en el Barco de la Paz, comenzó como periodista voluntaria y después fue contratada para realizar diversas labores de coordinación. Ciudadana norteamericana de origen, e historiadora de profesión, ella reside ahora en Japón y afirma que trabajar para este proyecto le ha cambiado la vida y le ha dado fuerza y esperanzas.

“Yo tengo una firme creencia en la posibilidad de un mundo diferente, aunque a veces me deprime ver cómo están las cosas, pero gracias a Peace Boat también he podido comprobar la fuerza del ser humano… por ejemplo, conocer a las
víctimas del agente naranja en Vietnam y ver cómo han salido adelante
(… ) en los campos de refugiados palestinos también tuve una fuerte impresión, porque la prensa habla de ellos como terroristas, pero es gente que tiene un enorme corazón y que quiere la paz… por eso creo que debemos conocer más, para poder así entender mejor la realidad y las situaciones conflictivas de nuestro mundo”
Y en compromiso con estas situaciones, el Peace Boat, que al día de hoy ha visitado más de 100 países en sus 60 viajes regionales y globales, ha decidido pasar del simple mensaje a la acción humanitaria: a través del proyecto United People Alliance, los viajes llevan a buen puerto material necesario en los lugares que visitan: computadoras, utensilios escolares, juguetes y otros bienes que son recolectados en todo Japón, y posteriormente entregados en cada sitio por sus pasajeros.