La periodista Anne-Christine D’adesky creció en Haití y retornó a él tras el sismo. Entre los escombros encontró mujeres líderes, listas para tomar las riendas de su futuro; aunque como cuenta la comunicadora Liliane Pierre-Paul, sobreviviente de la tragedia, el sismo se llevó consigo a muchas trabajadoras y activistas haitianas. Aquí, -afirma Pierre-Paul- “cuando tocas a la mujer, tocas a la familia”… y esta vez se ha tocado a todo un país, que a pesar de su orfandad, tiene un alma entrenada para la supervivencia. Esta es la crónica de dos mujeres, a un mes de la catástrofe centroamericana.
Texto: Anne-Christine D’adesky
Fotos: World Pulse y Multimedia ONU
Traducción: Nadia Talamantes
Artículo originalmente escrito en inglés para WorldPulse.com
A lo largo de todo el entramado de calles que conforman el barrio de Bois Verna de la devastada capital haitiana, campea la evidencia de la destrucción masiva. Tantos montones de concreto y fierro retorcido que uno se estremece al pensar en las personas que allí encontraron su tumba.
Es la cuarta semana tras el gran shock, y a donde quiera que uno vaya, de los puertos a las laderas, de las más pobres chabolas a las casas de los ricos, los escombros permanecen como testamento del poder absoluto del terremoto del 12 de enero.
Dos semanas después y la tierra seguía moviéndose en réplicas que aterrorizan a los sobrevivientes y les recuerdan que la pesadilla no ha terminado, ni el peligro. Irónicamente, las únicas viviendas que escaparon al desastre de magnitud 7 son las casas de madera, construidas en la época del colonialismo y la esclavitud, y que formaron el espíritu valeroso y aguantador de la población haitiana.
Cuando llegué el domingo 23 de enero, ya no había multitudes desesperadas por localizar a sus seres queridos entre los amasijos de edificios caídos.
Tampoco había equipos de rescate atentos a escuchar el más débil grito que atravesara las grietas, dando esperanza día tras día. El aire está más limpio ahora, aunque aún se levanta el polvo. El tenue olor agridulce de los muertos escapa de entre los enormes montículos de cemento resquebrajado, como túmulos funerarios.
Puerto Príncipe se ha convertido en un cementerio gigantesco. La gente a mi alrededor parece incapaz de comprender la magnitud del desastre que sufre el país. Miran fijamente las palabras escritas en creole sobre cualquier pared en pie: una X significa que el sitio será demolido. Los haitianos siguen en estado de shock y sin poder imaginar cómo comenzarán a llorar por sus muertos mientras asumen el reto de vivir y reconstruir su futuro.
Durante la noche, la población de la ciudad acampa en las calles, presenciando y reviviendo el horror, dejan sus cuerpos exhaustos y las pocas pertenencias que lograron salvar frente a casas que no se han caído, pero que ya no ofrecen un refugio seguro. Un sacudida más, y podrían venirse abajo.
Liliane Pierre-Paul: entre las voces que no se derrumbaron
Me dicen que así es como encontraré a Liliane Pierre-Paul, vieja amiga, feminista combativa y una de las periodistas más importantes del país. Ha pasado los días y las noches acampando en el patio de la que es como su segunda casa, Radio Kiskeya.
El inmueble que alberga una de las estaciones de radio más populares de Haití resultó afectado, y el estudio que Liliane usa para transmitir no es seguro. Su equipo está buscando otro lugar, pero entretanto urge hablar, urge dar voz a los haitianos de a pie que perdieron su foro público –la radio comunitaria- durante la primera semana del terremoto.
Eso incluye a las mujeres que, según me dice Liliane, han tenido una extraordinaria respuesta ante el sismo y la infinidad de retos que le siguieron; mujeres comunes, trabajadoras del mercado, amas de casa adineradas, abuelas, niñas, todas muestran un valor y una solidaridad excepcionales.
Liliane, una mujer dinámica y cariñosa, se reúne conmigo en la pequeña recepción de la estación de radio, observa continuamente al techo, buscando, imagino, cualquier señal de debilidad en la estructura. Lleva un gorro tejido tipo rasta -de Etiopía, me dice-, un chal blanco y pantalones. A pesar de su vida intensa y su activismo contra los sucesivos dictadores haitianos, se conserva joven y lista para la batalla, por encima del desgaste y el dolor que le trajo la pérdida de amigos y colegas.
“Al minuto que se desplomaron los edificios, las mujeres estaban allí y en todas partes. Abrían el camino para entrar a las construcciones; guiaban a los niños a lugares seguros; atendían a los heridos; gritaban y pedían ayuda; hablaban con los medios extranjeros; montaron campamentos y cocinas en las calles; cantaban, atestiguaban, rezaban” me explica Liliane.

“Sin duda el terremoto ha impactado enormemente a las mujeres haitianas, en formas en las que nosotras, como feministas y líderes, aún tenemos que examinar, no hemos podido analizar el fenómeno. Por ahora lo importante es sobrevivir, estamos intentando sobrellevar este mismo minuto, llegar al final del día. Pero sabemos…yo sé… que esto es tremendo” me dice.
Le pregunto por Myriam Merlet y otras reconocidas dirigentes que murieron en el temblor. Liliane mueve la cabeza, extiende sus dedos y abre sus brazos como abarcando un gran espacio… “Hemos perdido a tantas, tantas mujeres líderes, tantas mujeres a todos los niveles que es… es… inestimable.” Intenta encontrar palabras: “Es una pérdida enorme.”
Luego, sin pausas comienza a enumerar a las más conocidas (y a las menos también): “Está Myriam Merlet y Magalie Marcelin. Está Anne Marie Coriolan de la organización Solidaridad con la Mujer Haitiana (SOFA). Ellas trabajaban justo cruzando la calle. También murió Myrna Narcisse Theodore, que trabajaba en el Ministerio de la Mujer, tenía verdadero peso en esa secretaría. También está Nicole Gregoire, en la administración pública, una importante mujer que hizo mucho en los asuntos relativos a la relación Haití-República Dominicana, de verdad hizo cosas…” Liliane se detiene, cuenta con los dedos. “Hay más, hay más… hay que mencionarlas, es importante.”
Cierra los ojos para concentrarse. “Gina Dorcena, una periodista que trabajaba en Radio Tropic. Y aquella investigadora que trabajaba en temas geoespaciales… ¡Dios! claro, también Mireille Anglade –una gran mujer-, una inmensa pérdida, y otros dos miembros de SOFA, Mirland Dorvilus y Bernardine Bourdeau…”
Después de una pausa, añade: “Perdimos a muchas mujeres que estaban en los sectores profesionales, y mujeres jóvenes, tantas mujeres jóvenes que llevarían el liderazgo de la próxima generación. ¿Cómo puedes evaluar tanta pérdida?”
Liliane me cuenta que dos días antes, en la sede de Solidaridad con la Mujer Haitiana (SOFA), se reunieron las dirigentes sobrevivientes provenientes de todos los sectores sociales para hablar sobre las afectaciones del terremoto, que dañó las instalaciones de la organización y destruyó la oficina de Kay Fanm, una importante institución pro derechos de la mujer.
El sismo destruyó y damnificó un rosario de organismos comunitarios sin fines de lucro, microfinancieras, centros rurales y otras instituciones que ayudaban a las mujeres. “Tendremos que evaluar, y encontrar luego las formas de ayudar” indica mi amiga.