El mayor campo de concentración durante la II Guerra Mundial es hoy un museo que recibe 1 millón de visitas al año, el mismo número de personas que ahí fallecieron durante el holocausto. La limpieza étnica de aquella barbarie perseguía a judíos, homosexuales, enfermos o discapacitados: una persecución contra todo aquello que fuera diferente de la llamada “raza aria”.
La anciana, que tenía 100 años, trabajó de joven para el padre de Ana y ayudó a la familia Frank en la clandestinidad frente a los nazis. Según reportes de prensa, murió tras una breve enfermedad.
El documento, uno de los diez libros más leídos del mundo, es uno de los 33 nuevos fondos añadidos por la Unesco a esta lista de patrimonio mundial