Los extranjeros que viven en el país que fue sede del Mundial temen que los grupos radicales retomen las acciones violentas para expulsarlos del territorio sudafricano. En 2008, estos ataques xenófobos dejaron una estela de 60 muertes, y una crisis humanitaria de 150,000 desplazados.
La sede mundialista, el país más rico del continente africano, gastó 4,000 millones de dólares en preparativos e infraestructura, pero su tasa de infectados de VIH es una de las más altas. Atacar el problema, y atender a los 6 millones de personas que viven con el virus, requiere 1,500 millones de dólares al año.