La rama española de Blood and Honour (Sangre y Honor) estaba constituida como una ‘asociación cultural’. En su sede, situada a las afueras de Madrid, las autoridades incautaron armas y material que hacía apología del nazismo.
La anciana, que tenía 100 años, trabajó de joven para el padre de Ana y ayudó a la familia Frank en la clandestinidad frente a los nazis. Según reportes de prensa, murió tras una breve enfermedad.
Según el documento, las manifestaciones de intolerancia crecieron en 2008, en contraposición con la baja respuesta institucional