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La frágil esperanza de jóvenes y niñas birmanas frente al creciente tráfico de mujeres en China

Organizaciones locales como Htoi y KWA rescatan y rehabilitan a las víctimas de trata frente a la pobre respuesta del gobierno

Los matrimonios forzados motivan la trata de birmanas por la escasez de mujeres en China

La falta de un sustento hace que las mujeres sean altamente vulnerables a caer en cualquier forma de explotación

CdP.- China necesita mujeres. Cientos de familias han encontrado en el tráfico de personas una forma de resolver la necesidad de dar una “novia” a sus hijos en edad de casarse y la posibilidad de tener descendencia.

Son mujeres y niñas birmanas quienes pagan las consecuencias de una dura política de control natal impuesta por China durante casi 40 años. La obligación de tener un solo hijo por pareja -que se inició en 1979 y terminó en 2016- exacerbó la preferencia por los varones, desencadenó una serie de abortos selectivos y causó un importante desequilibrio de género que hoy juega en su contra.

Tan solo en 2017, el gobierno de Myanmar reportó que 226 niñas y mujeres fueron traficadas ilegalmente a China para tener hijos, pero Human Rights Watch (HRW por sus siglas en inglés) asegura que la cifra oficial es dudosa y que en realidad podrían ser muchas más.

Los tratantes captan a las víctimas con la promesa de darles un trabajo en China pero, en realidad, las venden por entre 3.000 y 13.000 dólares a familias que las mantienen secuestradas y las maltratan física y emocionalmente mientras sus hombres abusan sexualmente de ellas hasta que quedan embarazadas.

Human Rights Watch ha documentado la tragedia en el informe “‘Danos un hijo y te dejaremos ir: el tráfico de novias de Kachin desde Birmania a China”, publicado en marzo de 2019, en el que se recogen los testimonios de 37 sobrevivientes:

“Estuve un año encerrada en la habitación […] Antes de tener al bebé los miembros de la familia, especialmente la suegra, me trataban mal. Algunas veces no me daban de comer porque no quedé embarazada lo antes posible”.

“Tenía que tener relaciones sexuales con el hombre todas las noches, si me negaba me amenazaba con un cuchillo […] Tenía que hacer muchas tareas domésticas: lavar su ropa, cocinar para ellos, bañar a sus padres”.

Rescatarlas y devolverles la dignidad

Diversas organizaciones realizan una labor crucial en Myanmar para rescatar a las mujeres secuestradas; devolver la dignidad, la fuerza y la esperanza a las sobrevivientes y ayudarles a obtener justicia.

Htoi Gender and Development Foundation es una de estas. Con el apoyo de ONU Mujeres se dedica a rescatar a las víctimas que continúan en China y tiene un proyecto para prevenir y mitigar los impactos de la trata en el que han participado 165 sobrevivientes de abril de 2018 a la fecha, en 13 municipios ubicados al norte de Myanmar.

El programa incluye asistencia legal para las mujeres y niñas rescatadas, asesoramiento psicosocial y capacitación en habilidades que les permitan tener una recuperación económica a fin de minimizar los riesgos de que las sobrevivientes vuelvan a ser traficadas por no tener un sustento para vivir.

Htoi apoya a las mujeres y niñas para que regresen a la escuela o bien para que aprendan habilidades tradicionales de sus localidades: tejido, costura y artesanía u otras como piscicultura o cultivo de productos de alto valor como champiñones, gusanos de seda, mora y algodón.

Además, las capacita en habilidades de gestión financiera y mercadotecnia para que establezcan y administren su propio negocio o se conviertan en vendedoras del mercado.

Los grupos de sobrevivientes forman redes solidarias para que las mujeres con la misma vivencia se apoyen entre sí | Imagen: Patrick Nicholson/Caritas

Al mismo tiempo, la organización cuenta con 35 promotores que realizan labores de sensibilización y prevención de la trata de personas con el apoyo de carteles y folletos. También conformó grupos de sobrevivientes con el objetivo de que se conozcan entre ellas y se apoyen entre sí.

«Después de reunirme con otras sobrevivientes ya no me siento sola, ver que hay otras mujeres que pasaron por la misma experiencia me dio valor»

«Al principio cuando regresé me sentía avergonzada y no quería mostrar mi rostro; ahora, después de reunirme con otras sobrevivientes […] ya no me siento sola, ver que hay otras mujeres que pasaron por la misma experiencia me dio valor», dijo Khawng Un, una de las beneficiadas por Hitoi que hoy posee una máquina de coser y está buscando capital inicial para establecer una tienda de costura.

Las sobrevivientes de trata sufren vergüenza y culpa, además son estigmatizadas en sus comunidades porque en la sociedad Kachin se desprecia a las personas que viven con una pareja sin casarse o a quienes mantienen relaciones sexuales sin estar casados. Es por eso que muchas de ellas no se atreven a volver a sus hogares o a solicitar atención médica aun cuando logran escapar.

La Asociación de Mujeres Kachin es otra de las involucradas, lleva 15 años trabajando con las víctimas de trata en los estados de Kachin y Shan al norte de Myanmar.

KWA, por sus siglas en inglés, cuenta con un Centro de apoyo de Crisis y dos casas de seguridad en el límite de la frontera con China. El primero asiste de emergencia a las sobrevivientes rescatadas y en general a cualquier mujer que haya sufrido abuso sexual u otro tipo de violencia.

Por su parte, las casas de seguridad albergan a niñas y mujeres que necesitan refugio de largo plazo, por ejemplo, aquellas que no quieren regresar a su comunidad por vergüenza.

La organización realiza labores de divulgación a través de libros de dibujos, música, folletos y carteles con mensajes para prevenir la trata de personas y orientar a las mujeres sobre formas de protegerse.

Además, hace trabajo de incidencia para lograr que las autoridades desarrollen políticas y sistemas que protejan y promuevan los derechos de las mujeres víctimas de trata.

Para disminuir la vulnerabilidad de las sobrevivientes a caer en nuevas formas de explotación las organizaciones las capacitan en habilidades para obtener recursos | Imagen: ONU Mujeres/Stuart Mannion

Las ONG como KWA tienen experiencia y capacidad para ayudar a las víctimas de trata pero lamentablemente hacen su trabajo con financiamiento intermitente y con una limitada cooperación de la policía, denuncia HRW.

En ocasiones las sobrevivientes solo pueden acceder a los servicios de KWA viajando a la ciudad de Laiza, pero los fondos no siempre están disponibles para llegar ahí; en los últimos años los esfuerzos de divulgación han disminuido por falta de recursos y problemas de seguridad, aclara el informe.

Mientras las organizaciones están responsabilizándose de la ardua tarea de rescatar y rehabilitar a las víctimas de trata, el gobierno enfrenta el problema con una respuesta limitada y recursos insuficientes respecto de la alta demanda.

El Departamento de Bienestar Social de Myanmar, responsable del asunto, atiende únicamente a las víctimas que regresan de China acompañadas por la policía, omite a quienes iban a ser traficadas y fueron salvadas antes de cruzar la frontera o a quienes lograron escapar sin la ayuda de la policía.

El Departamento cuenta con cuatro albergues con una capacidad total de 200 personas donde las víctimas reciben ayuda de emergencia: chequeos médicos, apoyo psicosocial y tarjetas de ciudadanía, pero solo pueden permanecer ahí dos o tres días, luego son enviadas a sus comunidades. Algunas de las sobrevivientes califican para recibir una subvención de entre 380 y 750 dólares.

“Los servicios son totalmente inadecuados […] Les faltan tantos recursos que (los servicios) llegan a ser disfuncionales”, aseguró un diplomático extranjero con sede en Myanmar a HRW. Entre 2011 y 2017 el Departamento de Bienestar atendió a 624 mujeres según los datos oficiales.

Prevalece el riesgo

El riesgo de que las sobrevivientes vuelvan a caer en alguna forma de explotación prevalece a pesar del apoyo que reciben de diversas organizaciones, ya que las situaciones que motivan la trata de personas siguen latentes y la actuación policial es sumamente débil para frenar el problema.

Las familias chinas siguen necesitando desesperadamente de mujeres. La política del hijo único y los abortos selectivos en favor de los hombres causaron que el país más poblado del mundo tenga 30 millones más de hombres que de mujeres, una brecha que se enfatiza entre los jóvenes de 15 a 29 años.

A la mala, las birmanas han cubierto la necesidad de mujeres en China, los números lo revelan. En Yunnan, ciudad inmediata al estado de Kachin, se ha registrado un considerable aumento de matrimonios con extranjeras desde 2010, lo que actualmente, con 13% del total, convierte a la provincia en la del mayor número de enlaces con personas foráneas a nivel nacional.

Pero la cifra oficial es incierta ya que un gran número de matrimonios de este tipo no se registran, asegura un informe de KWA citando un estudio publicado por la Revista de la Universidad de Baise.

Los investigadores examinaron los patrones de matrimonios en Baoshan, la ciudad de Yunnan más cercana a la frontera con Myanmar y encontraron que tan solo en 2017 se realizaron 7.512 matrimonios de mujeres birmanas con chinos de los cuales solo el 8% se registraron.

En busca de sustento para sus madres, hijos o hermanos pequeños, las mujeres desplazadas han estado dispuestas a aceptar cualquier oferta de trabajo | Imagen: KWA

En la frontera entre China y Myanmar se ha formado un caldo de cultivo perfecto para la prevalencia de la trata de personas.

Por un lado, China tiene pocos incentivos para frenar el tráfico de personas y muchos para hacerse el desentendido; su desequilibrio demográfico y acelerada vejez arriesgan su crecimiento económico, su fuerza laboral podría perder 100 millones de personas entre 2020 y 2035 de no revertirse la decreciente tasa de natalidad, según un estudio del propio gobierno.

Del otro lado, las niñas y mujeres birmanas son altamente vulnerables a la trata de personas o a cualquier otra forma de explotación por la pobreza y la falta de oportunidades con las que tienen que lidiar para sobrevivir.

Dos amargos frutos de los incesantes conflictos armados que padece Myanmar desde su independencia en 1948, los cuales han causado el desplazamiento forzado de miles de personas al interior y exterior del país.

En Myanmar habitan 135 etnias reconocidas oficialmente. Los Bamar, la más numerosa de ellas, ha gobernado tradicionalmente el territorio a través de la fuerza militar.

Sin embargo, las etnias con más poder como los Karen, los Kachin, los Shan y los Arakan, relegadas de las decisiones políticas y sus derechos, han enfrentado al gobierno en diversos episodios formando guerrillas que controlan de facto las zonas donde habitan.

A lo largo de siete décadas se han firmado diversos acuerdos de paz en Myanmar, pero hasta hoy ninguno ha logrado el consenso de todas las etnias y los conflictos continúan.

Si bien no hay datos precisos sobre el número real de víctimas de trata sometidas a matrimonios y concepción forzada en China, KWA da cuenta del problema desde 2011, fecha en que estalló el conflicto más reciente contra los Rohingyá, una etnia no reconocida por el gobierno de Myanmar que ha sufrido de un intenso desplazamiento forzado.

Miles de personas sufren de pobreza y falta de oportunidades a causa del desplazamiento forzado | Soe Zeya Tun/Reuters

“De repente en 2011 estallaron los combates. Tuvimos que huir y escapar por nuestras vidas. […] Entonces comenzaron a venir los traficantes chinos para persuadir a los civiles […] (Las mujeres jóvenes) estaban dispuestas a arriesgarlo todo con tal de ayudar a sus familias y sus hermanos menores”, dijo una trabajadora de la Asociación de Mujeres Kachin a HRW.

Las mujeres se enfrentan a situaciones desesperadas en los campamentos para desplazados, el gobierno ha bloqueado gran parte de la ayuda humanitaria y son ellas quienes deben traer el sustento a sus familias ya que los hombres se encuentran luchando en el conflicto, relata el informe de HRW.

La necesidad de un sustento hace de las mujeres y niñas birmanas presa fácil para los traficantes. Según Sar Li Htwi, abogada de Htoi, en la mayoría de los casos el primer traficante es un familiar o amigo de las víctimas.

“Yo era el sustento de mi familia, estaba a cargo de mi madre y tenía que cuidarla. En el campamento todo es demasiado pequeño y difícil. Uno de mis amigos me dijo que en China había empleos y buenos salarios y que cada mes podía ganar entre 640 y 800 dólares”, relató una mujer traficada en 2013 a HRW.

Human Rights Watch recomendó a las autoridades crear un mecanismo para reunir a las mujeres con los hijos que les obligaron a dejar en China | Facebook Htoi Gender and Development Foundation

La corrupción y la débil actuación de las autoridades se suman a las circunstancias que mantienen a las mujeres en peligro de caer en cualquier forma de explotación.

“Myanmar firmó un acuerdo para luchar contra la trata de personas en 2004 y aprobó una ley en 2005, pero los procedimientos no están claros, la policía contra la trata de personas tiene poco presupuesto y la ley existente aún es débil y no está completamente implementada», señala la abogada de Htoi.

“Tenemos una ley contra la trata, pero hay problemas de corrupción. Los traficantes nunca son arrestados porque pueden pagar un soborno y eludir (la justicia). La policía, los tribunales y los guardias fronterizos aceptan sobornos”, explicó un experto en tráfico de personas a HRW.

En Myanmar las familias que recurren a la policía son repetidamente ignoradas, a menudo las autoridades les solicitan dinero para actuar. En China algunas de las mujeres que logran escapar y piden ayuda a las autoridades son encarceladas por violar las leyes migratorias en vez de ser tratadas como víctimas, asegura HRW.

Una lucha que da frutos

La lucha de diversas organizaciones por rescatar y rehabilitar a las víctimas ha rendido sus frutos. Human Rights Watch reconoce por ejemplo que en las ciudades donde tienen presencia ha crecido la toma de conciencia sobre la trata de personas.

Sin embargo, las autoridades debieran tener un papel más enérgico para erradicar el problema. HRW recomienda en su informe a los gobiernos de China y Myanmar trabajar coordinadamente para prevenir y sancionar la trata de personas, así como tener un papel más activo en lo que específicamente se refiere al tráfico que da lugar a los matrimonios forzados y la imposición de procrear.

Recomienda también castigar a los policías cómplices de la trata y a quienes exigen dinero a las víctimas para dar cauce a sus denuncias, y lo más importante, implementar mecanismos para reunir a las víctimas con sus hijos, ya que en ocasiones las familias chinas liberan a las mujeres luego de dar a luz, pero las obligan a dejar a sus hijos. Si se escapan sucede lo mismo.


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